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Discos para una vida [III]: Sonic Youth, Goo (1990)

Posted in Influencias with tags , , , , , on 24 junio 2009 by lamorsacleptomana

Sonic Youth es sin duda un icono del rock alternativo verdaderamente independiente, un monstruo musical de creatividad inagotable cuyo torrente de música no acaba nunca. Quizá esté por encima de géneros, ya que sobrevivió a la muerte del punk y vio nacer y desaparecer al grunge, ha sobrevivido a la masiva proliferación de grupos post-punk y a la reciente y aún contemporánea explosión indie. Copón bendito, ¿cuál es el secreto? Probablemente haber sido ellos mismos, haciendo lo que les dio la gana en todo momento, aprovechándose de la música pop convencional para retorcerla y desgarrarla bien, en cachitos que luego retorcerían y estirarían otra vez. Experimentar, es la palabra. Inventores del noise ese de las pelotas, su música se caracteriza por utilizar distorsión y ruido de guitarras masivamente en canciones con intros y outros delirantemente largas.

Se podría decir que Goo, tras el cambio del grupo de sellos underground a geffen, multinacional discográfica, abre la etapa “comercial” de Sonic Youth, su sonido es sustancialmente más asequible, rebajando el nivel de ruido de anteriores discos como “Daydream Nation” o el conceptual “Bad Moon Rising” y adaptándose un poco más al sonido imperante en el nacimiento de los noventa: el grunge, con canciones más integradas en el pop/rock convencional pero conservando una muy fuerte raíz experimental.

Abre el disco “Dirty Boots”, de temática blues y tremendamente rockera, una de las canciones que nadie debería dejar de escuchar al menos una vez al mes, y tal vez deberían poner grabada en un chip cerebral conectado al sistema central nervioso y alojado en la trompa de eustaquio de esa clase de infraseres (que ni a ser llegan) que van en el metro con un movil que… ¡anda! ¡si eructa..!, de forma que una y otra vez incasable,imparable, inexorablemente les repitiera la canción a máximo volumen por los siglos de los siglos hasta que del agobio y la locura extrema les explotase la cabeza y decoraran los geranios de la vecinaltercero con sus sin duda minúsculos sesos. El single, “Kool Thing”, cuenta con la colaboración del rapero Chuck D. de Public Enemy, y trata sobre la desilusión que se llevó Kim Gordon (voces, guitarra, mujer de Thurston Moore y madre de su hija) al entrevistar al rapero norteamericano LL Cool J un año antes para la revista americana Spin Magazine.

La segunda canción del álbum, “Tunic (Song for Karen)” es un homenaje póstumo a Karen Carpenter, Batería que murió de anorexia nerviosa y que según Kim vive arriba en el cielo, tocando de nuevo la batería con sus amigos Janis (Joplin), Dennis (Wilson) y Elvis (Presley) “I feel like I’m dissapearing / I’m getting smaller every day” y habla orgullosa con su madre. La voz de Kim, los acordes de Thurston, la historia de Karen… te hacen sentir realmente triste. Nombrar también “Mildred Pierce”, canción que refleja el significado de “Sonic Youth”: ruido, gritos, locura, o el dueto de Kim y Thurston en “Mary-Christ”.

Mención especial merece la portada: una de las mejores jamás hecha, con una ilustración a mano basada en la foto que un paparazzi sacó a Maureen Hindley y su marido David Smith, hermana y cuñado de Myra Hindley, la asesina en serie que en los años 60 junto a su marido Ian Brady, fueron conocidos como “los asesinos del Páramo”. El dibujo retrata a Maureen y David camino del juicio, donde actuaron como testigos.

Hey mom! look I’m up here – I finally made it
I’m playing the drums again too
Don’t be sad – the band doesn’t sound half bad

It really makes me feel sad, mom.

Discos para una vida [II]: The Velvet Underground & Nico, 1967

Posted in Influencias with tags , , , , , , on 15 junio 2009 by lamorsacleptomana

De niño, judío neoyorkino hijo de familia adinerada fue internado en un psiquiátrico y sometido a electroshocks para corregir lo que sus padres pensaban que era una desviación de la conducta: su obsesión por la música. Un experto en música clásica y moderna, trotamundos nato, violinista y experimentador por vocación. Un pseudoguitarrista incapaz de tocar tres acordes sin destrozar a zarpazos su instrumento. Una ¿mujer? con corte de pelo de hombre que toca la batería con dos martillos como un orangután tras dos meses siguiendo la dieta de la alcachofa. Una bonita modelo alemana con voz de hombre cuya mayor cualidad musical es tocar la pandereta. Y de nombre del grupo, el título de un libro de sadomasoquismo. ¿Qué esperaban? Lou Reed, John Cale, Sterling Morrison, Maureen Tucker y Nico son The Velvet Underground.

Si dios tuviese Ipod (que seguro que lo tiene) este sin duda sería el número uno a la hora de hacer el scrobbling con su lastfm. Es decir, el más escuchado. Y es que The Velvet Underground y su flamante primer disco con su flamante portada diseñada por el flamante Andy Warhol probablemente haya sido el grupo más influyente en la historia de la música independiente: circula una frase que dice: “muy pocos escucharon a la velvet en su tiempo, pero todos formaron un grupo”.

The Velvet Underground & Nico fue un disco incomprendido, con nulo éxito comercial. Nadie lo compró, muy pocos lo escucharon en su momento. En un momento histórico en el que triunfaban el movimiento hippie, el rock psicodélico y el buenrollismo en general era natural que cuatro tipos vestidos de cuero negro sobre un escenario, con pose rígida cantando canciones sobre heroína, prostitución, muerte, travestismo y demás lindezas fracasase estrepitosamente. Estos momentos de virtuosismo, la complicación en las canciones que los grupos buscaban (véase el anterior post sobre influencias) y la búsqueda de buenos sentimientos chocaron frontalmente con la música que emergía de aquel disco negro: Distorsión, instrumentos retorcidos, sonido ralentizado por momentos. Guitarras mal tocadas, ruido por todas partes y unas letras encantadoramente inductivas al suicidio, siniestras a más no poder. “Run run run” y “Waiting for the man” son sin duda los cortes más conocidos del disco que tratamos, y de la discografía del grupo. La primera, seguramente la mejor canción de garage rock que se haya hecho jamás, con un ritmo constante y trepidante que oblica a moverse a su son a alguna parte de tu cuerpo, con la voz desgarrada de Lou cantando sus terribles letras sobre vidas de gente corriente destrozando su vida por las drogas (“teenage mary, what a waste!”). La segunda, “Waiting for the man”, otra malograda canción compuesta de tres acordes de guitarra, cómo no mal tocados por Lou y tocados como un oso pardo en celo por Morrison, letras cantadas por Reed en modo “macarra merendero” y con Tucker de fondo, aporreando su “batería” (un tambor y un platillo), es una canción de dimensiones épicas. El título no deja lugar a muchas dudas sobre la temática de la canción.

“Heroin”, por orden de popularidad sería la tercera en la lista. Gran canción que, con un instrumental apenas audible al comienzo y un Lou cantando muy bajito y relajado, va in crescendo hasta reventar en nuestros oídos, “And I feel just like Jesus’ son, And I guess that I just don’t know”. Pero no se queda atrás la terrible “Venus in furs”, auténtico engendro psicológico, obra maestra, es una atmósfera densa, oscura, negra y brillante como el cuero del que habla, con el violín de John Cale gimiendo como un lamento de ultratumba, que causa una espeluznante sensación: “Different colours made of tears” es sin duda mi frase preferida. En la misma onda, “Black angel’s death song”.

Completan el repertorio “Sunday Morning”, primera canción del LP, magnífica, naif, que al escuchar por primera vez el disco da una falsa sensación de luminosidad, lo que luego acrecenta el agujero que suponen el resto de canciones del grupo. Mención a las canciones protagonizadas por Nico, la estrella de la Factory, modelo alemana metida con calzador en la formación por Warhol. Su voz encaja perfectamente en el sonido del grupo, haciendo un papelón en “Femme Fatale” (los coros de Reed y de Cale de fondo, terribles) o, en “All tomorrow’s parties”, ensayando con el ruido y la creación de atmósferas de las que partirían el noise, el shoegaze o el punk.

El disco (y mi post) termina con “European Son”, canción que combina todos los experimentos, rasgos y cualidades que The Velvet Underground habían mostrado en el resto de canciones, y contrapunto perfecto para la primera canción del disco. Ruido, cristales rotos, rugidos, guitarras por todas partes y una voz trémula.

Parece más un fotograma de Metrópolis que la foto promocional de un grupo

Parece más un fotograma de Metrópolis que la foto promocional de un grupo

The Velvet Underground & Nico tiene una extraña acción adictiva. Lo escucho al menos una vez por semana.

Y no soy el único.

Discos para una vida [I]: The Doors, 1967

Posted in Influencias with tags , , , , on 2 junio 2009 by lamorsacleptomana

Me permito el lujo de inaugurar un nuevo apartado dentro de MOP: el rincón de la nostalgia, habitual refugio de reaccionarios, románticos y románticos reaccionarios reacios a avanzar en el espacio, el tiempo y la evolución. Además… lee esto y podrás presumir de influencias.

1967: la invasión Inglesa en su punto álgido, momento glorioso e irrepetible para la música. Es este año en el que nace una de las mayores leyendas: The Doors, publicando un disco homónimo se presentan como el paso más allá, tomando un poco de Beat Inglés de aquí, otro poco de rock’n’roll de allá, psicodelia como resultado de “abrir las puertas de la percepción” (todos sabemos cómo, de ahí viene el nombre del grupo)  todo embadurnado de Rythm ‘n’ Blues y las líricas y “voces” de Jim Morrison, que se convertiría en un auténtico megaicono musical (y sexual) a partir de entonces.

“The Doors” es uno de los mejores discos de la historia, siendo un álbum de debut realmente impresionante en cuanto a producción, ejecución y contenido que lo dice absolutamente todo acerca de la profundidad y las dimensiones de la banda y sus componentes.

Plagado de incontestables himnos generacionales, es uno de esos pocos discos que enganchan de principio a fin, como un libro cantado en el que Jim nos narra una historia acerca del amor, la desesperación, las drogas, la muerte o incluso el síndrome de edipo, en la tremendamente abstractiva, absorvente y completamente delirante “The End”, macrocanción (en todos los sentidos) de once minutos y cuarenta y dos segundos de duración que comienza lenta y tímidamente, con ciertos tintes psicoarabescos de fondo y con la narración de la historia de un muchacho que, deslizándose por los más oscuros declives de la mente enloquece por el amor hacia su madre, y consciente de que es el fin del mundo, mata a su padre y a sus hermanos, y posee a su madre. Tierno, ¿verdad?… poesía pura cantada por una voz quebrada, tremendamente profunda, como de un ángel, como de Jim. Banda sonora de “Apocalypse Now!”

¿Quién no conoce “Break on Through”? himno de la lucha contra la guerra del Vietnam y por el abuso de las drogas, “Soul Kitchen”, auténtico alarde de precisamente eso, Soul, que nos hace casi enamorarnos de la dueña de la cocina (y del que duerme toda la noche allí) o de la también gigantesca “Light My Fire”, con un increíble duelo Hammond – Guitarra que pone los pelos de punta, demostrando también la altura musical de Ray Manzarek y Bobby Kriegger, auténticos freaks de sus instrumentos. Probablemente la parte más emotiva del disco, de una tremenda profundidad que invita a la reflexión (sí, no os riáis, no se me va la olla) más profunda.

Un disco que deberías escuchar. Un disco que daría sentido a tu día. Un disco para una vida.